Cambio de observador

En esta ocasión os quiero hablar de uno de los conceptos con los que trabajamos en coaching: Cambio de Observador.

Posiblemente ya hayáis oído hablar sobre ello, y como muchas veces una imagen vale más que mil palabras, os muestro esta viñeta:

Cambio observador

¿Os dais cuenta de que la misma realidad se puede ver desde distintos puntos de vista?

Cuando lo trabajamos en coaching, intentamos que la persona se coloque en un lugar diferente y por tanto que pueda tener una visión de la realidad que hasta ese momento no tenía. Este cambio, esta nueva perspectiva de la realidad hacen que se replantee si estaba en lo correcto, e incluso le abre puertas para una mejor interpretación de los hechos.

Pero este cambio de observador no sólo se puede conseguir trabajando en procesos de coaching, sino que nosotros mismos, tras afrontar diversas realidades de nuestra vida, lo podemos hacer, a veces incluso de una manera inconsciente.

Os pongo algunos ejemplos de cambios de observador que he vivido yo.

1.- Los primeros meses (incluso años) tras conocer el retraso madurativo de mi hija fueron de mucha presión por realizar ejercicios y terapias en casa con ella, llegando al punto de no disfrutar en absoluto del tiempo que pasabamos juntos.

El objetivo era que mi hija consiguiese realizar determinados ejercicios que parecían imprescindibles para su desarrollo. Al no lograrlos, surgía la frustración, tanto por su parte como por la mía. Hasta que me di cuenta que no merecía la pena seguir así.

En este caso, mi cambio de observador fue pasar de interpretar las terapias como algo impuesto que había que hacer sin cuestionarlo, a valorar el impacto que esa terapia iba a tener en el día a día o en el futuro de mi hija. Como consecuencia, he conseguido valorar más la calidad del tiempo que paso con ella, y por tanto, disfrutar más a su lado.

2.- Antes hacía lo posible por llevar a mi hija a cualquiera de las actividades/planes que me pudieran surgir, para intentar seguir con esa ‘normalidad’ a la que me aferraba. Sin embargo, en muchas ocasiones esos planes no estaban adaptados a sus necesidades, y en el fondo lo que estaba haciendo era tensar una situación que no era beneficiosa para nadie, ni para mi, ni sobre todo para ella.

Aquí mi cambio de observador fue pasar de vivir en un contexto de normalidad, a hacerlo en un contexto de normalidad atípica, en el que se tienen que combinar las actividades cotidianas con las necesidades especiales de mi hija.

3.- El proceso de duelo y la aceptación del retraso madurativo de mi hija (algo de lo que ya os hablé en mi post ‘Del Duelo a la Aceptación‘) ha supuesto también un giro de 180º en mi manera de ver, sentir y afrontar esta nueva realidad.

Si me permitís la metáfora, mi cambio de observador fue pasar de nadar siempre a contracorriente, a tratar de construir un nuevo barco con el que navegar a favor de esa corriente.

Esto me ha permitido pasar de vivir esta nueva situación  con estrés, angustia e impotencia, a vivirla con serenidad, realismo y responsabilidad.

 

Como véis, no todos los cambios de observador tienen por qué llevar a un prisma desde el que se vea la realidad de mejor modo, pero sí nos permite tener otra perspectiva con la que comparar y de la que aprender.

Y tú, ¿qué cambios de observador has vivido?

¿Qué has aprendido de ellos? 

 

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